Herrumbe

28 – Enero – 2017

Dime corazón ¿Cuándo es que vendimos nuestro amor?
Me siento tan vacío al lado de tanta felicidad causada por mis caprichos. Ella es feliz. La otra tiene paz al fin. La tercera me teme. La cuarta es la que me ignora. La quita me idolatra, pero no siento nada a su lado. La sexta sólo me desea. La séptima no existe más. A la octava le importo tanto como los otros amantes. La novena se esconde de mí. Así esta noche se me aparecen como fantasmas todos los momentos sublimes de aquellas compañías fugaces. Algunas estuvieron más de la cuenta, otras se quedaron menos de lo debido.
Es tanta la aversión que me tengo, que no puedo parar de llorar: me prometí a mí mismo no mendigar las ilusiones o el amor de otros. Pero no pude, no pude ni una sola vez. Me entregué en cuerpo y alma a los designios femeninos.
Volé. Volé incontables veces en todos los placeres habidos de mi existencia. Y caminé sin zapatos en las calzadas de la perversión: de todo, hice todo lo que se me ocurrió. Pensaba, en aquellas noches que no llegaba a casa, que era el momento más excitante de mi vida. Erré. Porque otras noches acudieron a mi libreta, y cada una más enérgica que la anterior. Pero ellas sabían. Sí, sabían y callaron. Conocían las alas que portaba y me tendieron menos alimento a mi vuelta. Algunas me lo negaron. Agitado, danzaba con mayor ahínco. Entonces cada viaje me comenzó a doler. No importó. Al final, siempre al final, comenzó a importarme.
Era el amante: no te ilusiones.
Era el despecho: no te enganches.
Era el tercero: espera tu turno.
Era el eterno: nunca vas a cambiar.
Era el idiota: ojala cambies.
Era el olvidado: lo siento, tengo cosas que hacer.
Fui, sin proponérmelo, de todo. Y en meses, la vida se me antojó a años enteros de romances locos, fracasados, prohibidos, extraños, tiernos, sublimes, ingenuos, imposibles, impensables, irresponsables, irremediables, constantes, cortantes, tóxicos y felices.
Dime corazón: ¿Cómo es que no nos dimos cuenta? Es aquella naturaleza en mi pecho. Lo sé. Es aquel impulso de la mocedad que se arroja al mar sin salvavidas. Ese que se adentra al bosque sin mapa o al desierto sin agua. Es una muerte sí, pero una muerte en vida.
Mañana no dolerá, también lo sé. Mañana las marcas en mi cuello se habrán borrado, el aroma en mis sabanas habrá desaparecido, las manchas en el cuarto las habré limpiado, las fotografías las habré botado, los besos se me harán recuerdos, el deseo una ilusión. Mañana los regalos estarán viejos, la ropa olvidada será devuelta, los artículos prestados serán usurpados y los mensajes en el celular estarán eliminados. Mañana mis ojos estarán cansados, mis brazos caídos, mi espalda apelmazada y mis pies roídos. Mañana ya no me quedará una sola lágrima para ustedes: esta noche las gastaré todas.
Dime corazón: ¿Mañana podrás olvidar por mí…?


Amadeus Méndez

herrumbre2

 

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